El arte está en la calle, pero nos empeñamos en apartarnos para no pisarlo
El
arte está en la calle, pero nos empeñamos en apartarnos para no pisarlo
Da igual en que ciudad
nos encontremos, ya sea más grande o más pequeña. No hay distinción países, ni
en continentes. El arte está por todos lados.
Y ya no me quiero referir únicamente
al arte típico arquitectónico que adorna las calles de cualquier ciudad (aunque
este también está soberanamente infravalorado), me vengo a referir al arte
callejero.
Quiero hacer mención a
aquellos músicos que aún sin ser descubiertos trabajan más que cualquier
cantante de electro-latino que a nuestros jóvenes tanto les gusta. Hablo de
verdaderos pintores que se sientan a la orilla de cualquier río a observar y
plasmar su belleza en un lienzo, sin ningún tipo de reconocimiento.
Hablo
de los dichosos organistas que siempre consiguen que alguien se gire, y no para
darle las gracias, sino para pedir que se vaya por favor.
Hablo de los cantaores ambulantes que le cantan al embrujo de Sevilla y solo
reciben miradas de desprecio y fotos de asiáticos a su paso.
El otro día, paseando por
la calle Sierpes, me encontré a un joven que tocaba una dulce melodía al
violín, con una gorra en el suelo, completamente vacía. No había nadie observándole mientras él nos regalaba a todos “Imagine”
de John Lennon. Y en realidad le daba igual, seguía ensimismado con sus
dedos acariciando las cuerdas de su instrumento.
Eso es arte señores, y no
debemos apartarnos por si le pisamos la gorra, tampoco debemos echarles dinero
por pena, o compromiso, es suficiente si paramos nuestro ritmo un poco para
dejarnos llevar por el suyo.
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