Necesitamos consumir basura
Necesitamos consumir basura
Es inevitable, nos sentimos empujados a ello y la televisión es nuestra más fiel cómplice. Ella y nuestra generación.
La generación en la que vivimos, cargada de morbo, sensacionalismo y falta de
valores morales y éticos. Pero eso es lo fácil, y de vez en cuando necesitamos
sentirnos parte de ese procedimiento tan burdo como consumir vidas ajenas
cuando la propia nos tiene exhaustos.
Los hay de todos los colores, tamaños
y sabores, matutinos, vespertinos, en la playa, en una granja, sobre estilismos
de ropa, relaciones conyugales, cantantes, y, cómo no, sobre simples relaciones
sentimentales, tampoco hay que quebrarse tanto la cabeza. Pero eso es lo de
menos, lo importante viene en la gradación de desfachatez que hay que tener
para añadir morbo a cualquier producto televisivo con tal de hacerlo un poco
más vendible y atractivo para la audiencia.
Están los inofensivos, como Granjero busca esposa o Quién quiere
casarse con mi hijo, en los que lo
más ofensivo que sale es algún esperpento de perfil machista u homófobo. Y
también los que poco a poco cubren de morbo la trama para ganar visitas, como Cámbiame u Operación Triunfo, que tratando de moda y cante se dedican a poner
a los familiares del concursante a discutir en plató e intentan atacar los
sentimientos primarios del espectador, en el caso del primero, o que generan
una relación de amor o tonteo entre los concursantes, caso del segundo, para
que vivamos la fiel reproducción de lo que sería una historia de amor en un
concurso de voces. Sólo falta que al final se tengan que enfrentar entre ellos
y firmen la paz como ambos ganadores al estilo de Los juegos del hambre. También está en este grupo Yo soy del sur,
la adaptación sevillana de show talent para que la tercera edad de la comunidad
andaluza también reciba su pizca de incertidumbre y placer.
En último lugar, los del estilo Hombres, mujeres y viceversa, fiel
reflejo de la generación ni-ni, mezclan un truculento entramado de relaciones
sentimentales basado en discusiones a viva voz, insultos y degradaciones del
ser humano hasta niveles insospechados que tiene como objetivo el lucimiento de
cuerpos bonitos y la excitación de los deseos sexuales de concursantes y
espectadores. La valoración de lo estético por encima de cualquier éxito
logrado a base de trabajo y esfuerzo.
Porque consumir basura es normal,
lógico y hasta recomendable para olvidar nuestros problemas y poder despejarnos
por un rato, pero seguro que hay formas y formas de hacerlo, y la educación de
nuestros descendientes no debe ser sacrificada por un modelo televisivo que
cada vez va a peor y que sólo premia el alcanzar la fama pisando cabezas y
haciendo el niñato por los platós de grabación.
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