No manchen el feminismo
No manchen el feminismo
Hay una ideología que asola nuestra sociedad día a día, y se está gestando en las jóvenes mentes pensantes de nuestras generaciones mientras escribo esto.
Y no me tachen de osado aún, por favor, pues no son estas
líneas en defensa del hombre, sino de la mujer, y del movimiento feminista si
me permiten. Pues tergiversando el mensaje y haciendo creer que las injusticias
se combaten con más injusticias es el trabajo realizado por el feminismo
durante más de 130 años en este país el primer damnificado.
Resulta casi temerario atacar al
feminismo extremo recién acabado un año en el que se registran 44 casos de
violencia machista que han acabado con la muerte de la mujer, y aún a expensas
de otros tantos casos que están estudiándose, pero es el único camino para la
reconducción de una idea equivocada. Una idea que no solo no evitará los
maltratos hacia las mujeres, sino que provocará más consecuencias negativas
hacia la sociedad por su simple fundamentación en el odio hacia la totalidad de
un género como es el masculino y su intencionada inhibición del mismo.
Las extremistas, o feminazis, apodo
que se les ha dado, tachan de violentos a todos los hombres señalándoles como
una continua amenaza. Caer en la generalización es peligroso, pues además de
recriminar sus actos al 1% culpable, también estás dando por sentado que el 99%
ha delinquido de la misma forma. La primera y más peligrosa consecuencia es la
antipatía del inocente género masculino, que pasará de solidarizarse con la
causa siendo un importante activo contra el machismo, puesto que en él mismo
reside el problema, a situarse en contra de un movimiento que lo aísla y ataca
socialmente.
Un ejemplo es Alicia Murillo,
columnista de Pikara y ponente de charlas ‘feministas’, que hace unos días se
burlaba en su blog personal de actos feministas protagonizados por hombres
sumados a la causa de forma activa. Es más, tildaba de bukake feminista una foto de la presentación del libro “Hombres por
la igualdad” en la que aparecían todas las personas –hombres– que habían
participado en la publicación con su autora, Nuria Coronado. La continua
desautorización del hombre e incesante necesidad de pedir perdón con la que
carga al hombre el discurso de esta mujer dejan a la vista de todas las
personas su inestabilidad psíquica. Por si fuera poco, parece que su único
objetivo es jactarse de los hombres que suman su grano de arena al feminismo y
sube una conversación en la que intenta ridiculizar a un supuesto asistente de
una de sus charlas. Lo que no sabía es que este interlocutor ya sabía de su
(des)orientación y sólo planeaba hablar con ella para dejarla en evidencia. Los
miles de retweets y cientos de miles de impresiones generadas por @Sh1bao
mostraron a un público ajeno al que está acostumbrada quién es Alicia Murillo y
cómo se comporta el feminismo extremo.
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